Uno de los cuentos que se consideran de “Hadas” o infantil es el de “La niña de los cerillos”. La historia fue escrita por el danés Hans Christian Andersen en la primera mitad del siglo XIX. El cuento trata sobre una chiquita pobre que esta vendiendo fósforos en vísperas de navidad. El frío helado de la nieve se acercaba y la nena no podía volver a su casa debido a la tormenta y al no haber vendido un fósforo. La noche la atrapa en la calle lo que la lleva a usar los fósforos para calentarse, hasta que se queda sin fósforos y la viene a buscar su abuela ya muerta. El cuento es uno de los que más me gusta, junto al de Hansel y Gretel. Con pinceladas suaves (como un analgésico ante lo terrible de la historia, propio de esos cuentos que han llegado a nuestras manos) nos muestra un contexto duro donde los niños sin tener que comer debían vender lo que sea para sobrevivir, los que sobrevivían.
Ahora les presento mi versión del cuento que titulé “El joven del encendedor”. Surgió principalmente inspirándome en la analogía de esa niña con tantas personas que duermen diariamente en todas las ciudades del mundo, en los destinos trágicos de ellos, en su muerte en manos de los crudos inviernos.