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viernes, 15 de febrero de 2013

Relato "Forja" parte 6 -final-


El estruendo latoso, continuo y monótono del despertador a cuerda sonó hasta que su mano frenó los martilleos del mismo. Cuando se despertó, le pareció que no había dormido nada, que solo había sido una siesta. El estruendo se había acabado, pero seguía repiqueteando el que correspondía con el segundero. En medio de la negritud observó que hora era, las agujas, fosforescentes, marcaban que una aguja corta y gruesa se posaba sobre el cuatro, mientras que otra más larga y fina se posaba sobre la zona del doce. En otras ocasiones, esos números hubiesen sido iguales o tan banales como la oscuridad que cubría su cuerpo ese jueves de noviembre con aires de verano. Pero ese cuatro y aquel doce luego del tintineo violento, significaban que era de madrugada y que dentro de dos horas debía ir a su primer trabajo. Se levantó sobresaltado, la ansiedad y nerviosismo no le habían permitido dormir mucho.

sábado, 9 de febrero de 2013

Relato "Forja" Parte 5


El amanecer lo encontró parado mirando por la ventana, el cielo estaba limpio, el sol que comenzaba a aparecer alumbraba los charcos que la lluvia había dejado. Desde el pasillo escuchó el sonido de la puerta del baño que se cerraba, así que salió rápidamente hacia afuera para no encontrarse con la mujer. Mientras agarraba la bicicleta, por la ruta paso un Fiat 600 rojo, el sol lo hacía brillar, eso lo alegró, el sol lo alegró. No tenía reloj, pero sabía que era la hora de ir a trabajar.

domingo, 3 de febrero de 2013

Relato "Forja" parte 4


  Le pareció el viaje más largo de su vida. Cada una de las pedaleadas era un sufrimiento constante. El agua que se filtraba y le mojaba la piel lo quemaba como los vampiros con la luz del sol; las articulaciones hacían que cada movimiento se le escape un quejido. Y como si eso fuera poco, los crujidos de la  bicicleta parecían que se iba a quebrar. Pero no podía permitirse ser otro valiente más que iba a yacer en el suelo mojado de la zona. La oscuridad era total, solo podía ver apenas las marcas de la ruta, pero muchas veces pensaba que se las estaba imaginando. Un auto que venía frente a él lo encandiló y casi lo hizo caer de la bicicleta, pero también le permitió poder ver si venía bien por el camino. Mientras el automóvil seguía alumbrando vio que en la banquina, del lado por donde iba a cruzar el automóvil, había una bicicleta muy destruida con las ruedas descentradas y el cuadro casi partido en dos.   

martes, 29 de enero de 2013

Relato "Forja". Parte 3





La lluvia siguió cayendo torrencialmente por un par de minutos y luego se normalizó. Ninguno de los presentes se movió por un instante. Todos parecían que querían irse, pero ningún parecía animarse. Finalmente, de atrás de donde estaba él, comenzó a escucharse unos pasos seguros que avanzaban hasta la lluvia. Era Gonzales, el gordo Gonzales. Siguió caminando hasta que estuvo delante de todos. Los miró cómplices, sin emitir una palabra pero intentando decir muchas cosas. Todos lo miraban con la misma expresión. Con lentitud pero con firmeza, se fue poniendo la capa, uno de los compañeros le pasó unos lentes de sol, se apretó la capucha hasta que solo quedó los lentes afuera, y salió a la lluvia. Apenas su cuerpo salió de abajo del toldo se escuchó un bufido de sufrimiento pero nada más. Sus pasos eran firmes pero cuidadosos, esquivando charcos que se habían formado. Su caminata iba siendo alumbrada por los pocos rayos del sol que podían salir de atrás de las nubes, de los truenos y relámpagos. Cuando había hecho unos largos metros, ya su caminata no era lo segura que había sido al principio, les pareció escuchar mas de un bufido de dolor, y estuvo a punto de trastabillar un par de veces. Pero quizás era idea de ellos. Todos los que estaban en la puerta miraban expectantes a aquel valiente que se había adentrado en sus miedos. Mientras tanto, los rayos y relámpagos eran cada vez más fuertes y caían más cercanos. No podían dejar de mirar al aventurero, pero los relámpagos estaban más y más cercas. Hasta que uno golpeó en el pararrayos del tinglado, pero el segundo cayó en el medio del patio, donde la onda expansiva de la estática los volteó a todos en un sonoro dominó metálico. Cuando pudo levantarse volvió la vista hacía su salvador, pero yacía en el piso, todavía retorciéndose por los choques eléctricos que había sufrido. 

jueves, 24 de enero de 2013

Relato "Forja". Parte 2





Los sonidos del despertador que se mezclaban con los del trabajo, ahora se unían al de la caja pedalera vieja y oxidada. Mientras seguía al ritmo de los ruidos, seguía mirando el cielo embotado con la misma desconfianza y miedo que cuando estaba dentro de su casa. Aunque en aquel momento el miedo era mayor, allí estaba expuesto, cualquier gota que cayera desde el cielo chocaría con el cuerpo, sin pensarlo dos veces, se frenó en la banquina de la ruta y se puso la el rompevientos con la capucha cubriéndole toda la cara. A lo lejos se comenzó a divisar el gran tinglado de chapa donde funcionaba FORJA, apuró un poco el movimiento mientras el gris del cielo se confundía con el del asfalto gastado.

viernes, 18 de enero de 2013

Relato FORJA -parte 1- (inspirado en escena de Memorias para reincidentes)


Hoy vuelvo con un nuevo post, que en realidad van a hacer una serie de publicaciones. La misma va a ser un relato por partes que se llama FORJA. La idea del cuento comenzó cuando estrenamos en la ciudad el documental “Memorias para reincidente”(si no la pudieron ver aca pueden tener más información, o contactate conmigo por privado) en la sala de cine Amadeus. Días antes la estaba mirando en mi casa y me termina llamando la atención una escena en particular. Es la que comienza a comentar el “Petiso” Páez (uno de los dirigentes del SITRAC-SITRAM) sobre la experiencia durante el clasismo cordobés y el caso de la fábrica FORJA, donde los trabajadores en medio de una asamblea terminan planteando que se quedaban sordos, que no tenían erecciones, y que muchas veces terminaban pegándoles a sus mujeres para no tener que demostrar su falta de erección. Y ahí terminó confirmando que la realidad termina superando la ficción de la manera descarnada. Uno entre tantos ejemplos donde la anarquía y esclavitud capitalista lleva a convertir materialmente a sus asalariados en cosas, los termina deshumanizando a tal punto de perder partes vitales de su cuerpo. Aquello me funcionó como inspiración, luego lo demás es ficción. El relato inicia sobre un protagonista que trabaja en FORJA, una metalúrgica fantasma donde producen cosas de metal que ni siquiera ellos saben para qué sirve, y desde ese punto como ese trabajador y sus compañeros comienzan a perder humanidad, siendo una victima más de la alienación, pero ya no solamente en tema de lo que produce, sino sobre su propio cuerpo.
Espero que lo disfruten.