Hoy vuelvo con otro relato con una pequeña
introducción. Un 31 de diciembre de 1988, a las nueve y media de la mañana, según
me han dicho, mi madre, anestesiada y con un corte de media panza, hacía que
una pequeñez inconsciente saliera de la bolsa con líquido amniótico. A ese ser,
luego de unos días le pusieron dos nombre y un apellido, Jorge Emmanuel Soria.
Ese, en este mismo momento, escribiendo en una notebook, soy yo, por cumplir 24
años. Uno no se da cuenta, pero casi viví un cuarto de siglo, creo que un
numero considerable, aunque parte de esos años fueron inconscientes y condicionados
por la vida de otras personas.
