
Siempre me pregunté si hay cosas que no se
escriben, si hay una especie de límite para decir las cosas, una frontera entre
el mensaje y lo innombrable. Pero si desde el arte, sea cual sea, uno no dice
lo que muchos callan, solo sería la nada misma, no serviría para nada. Así llegó
este poema, confieso que en un primer momento no iba a publicarlo, pero creo
que es necesario. Los versos tratan sobre el abuso sexual infantil. Y eso me
llevó a unas reflexiones. Sólo en un sistema tan enfermo, tan atroz, tan pútrido,
un niño puedo ser destruido de esa manera. Y si bien el mismo es sobre los
abusos sexuales a niños y niñas, no olvidemos que muchos niños en este mundo,
solo lo son por una simple coincidencia cronológica. Porque luego no disfrutan
de nada de lo que el mandato social dicta. Y acorde a esta fecha, mucho de los
juguetes que muchos sonrientes niños tienen en sus manos por ofrenda de un mítico
Papá Noel, fueron construidos por niños que nunca podrán disfrutar lo que sus
manos atrofiadas han hecho. Además, cuantas niñas, mientras se brindaba y se
comía turrón con maní en los luminosos hogares, estaban prostituyendo su
cuerpo. Y cuantas cosas más. Si eso no es síntoma de un mundo y sistema
enfermo, no se lo que es. Y la podredumbre es tan grande, que ya no alcanza ni
nunca alcanzó con aspirinas y curas vanas. Esto solo se terminará con amputación,
con algo nuevo, donde la humanidad no sea esclava de una fracción de la
humanidad, y los niños de otros hombres y mujeres.